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El material informativo que aparece en esta página web,

es una selección parcial del publicado en el periódico Atabaque

 

 

 

 

 

 

 

La cautivante resistencia de la mujer afro

En las mujeres descendientes de africanos que hoy poblamos este suelo, algunas visiblemente negras, otras por debajo de la piel, y como forma de agasajo a las gloriosas artistas uruguayas Marta Gularte, Rosa Luna y Lágrima Ríos: me propongo reivindicar a la madre espiritual. Ser madres -con todo lo que el sublime concepto supone- es una de las tantas facetas que las féminas poseemos concreta o potencialmente.Madre es toda mujer en su capacidad de ternura, alegría, tenacidad, dinamismo, valentía e imaginación. Resulta fácil entonces comprender que la afroreligiosidad, terminada la esclavitud en América, tuviera al sexo femenino como elemento importante en su propagación y en su liturgia.Los habitantes originarios del África, obligados a la diáspora que significó el tráfico de esclavos, llevaron consigo su ser integral, y sus aportes culturales más potentes aquí sin dudas fueron el candombe y la religión. Tradición espiritual que en sus conspicuos inicios en Brasil -hablo del Candomblé- tuvo a las damas africanas como figuras preponderantes en la conservación y transmisión del rito religioso a través del matriarcado.

En nuestra región en particular, la mujer afro ha sido protagonista de papeles únicos a lo largo de la formación de las identidades de las sociedades actuales; como esclava -rol tristemente compartido con las indígenas- como núcleo del acervo ritual, y contemporáneamente en Uruguay como figura del carnaval en su papel de vedette de candombe.Estampa adicionada por aclamación popular al cuadro inicial tradicional.

Hablando de historias de resistencias; la música, el arte, la danza, la religión, aquello que posibilita perpetuar y recrear un modo de ser propio: ¿Qué son sino formas de resistir con dignidad y belleza humana los embates de una sociedad impermeable a los sentires y carencias de lo africano trasplantado forzadamente? Lo que obliga a mirar a una etnia excluída -por gusto, placer o necesidad- no son sino gritos de libertad. Un decir existo y necesito espacio para no dejar de ser. Eso testimonian cada noche de Llamadas y cada fiesta de Yemanjá en febrero.

La presencia negroafricana en la población nacional, es una riqueza aún no dimensionada por una conciencia social que duerme su letargo de imaginario monopolio europeizante a contrapelo de la realidad. De ello dan prueba nuestras divas de ébano locales, recordadas y glorificadas por unanimidad.

Quienes portamos la llama de la impronta nativa sea en lo afro o en el tema indígena, somos meros instrumentos responsables de un legado ancestral y la forma en que lo prodigamos es espontánea, diversa, y a la vez una sola.Sea por la imponencia del canto y el baile al sonar de los tambores, o por la urgencia del bienestar buscado a través de la fe, resulta casi imposible no comulgar con la esencia de la expresión africana y en esas instancias, personas de distintos orígenes se unen en el sentimiento.

La fuerza del llamado de estas manifestaciones, en las que mujeres afro han tenido y tienen presencia primordial, es parte de la estrategia que utiliza la providencia para restituir el equilibrio quebrado durante el tráfico.

Tres luminarias: una con su canto, las otras con sus esculturales y graciosos cuerpos, han llevado consigo la grandeza de su etnia a lugares impensados. Han representado a nuestro país por el mundo y lo seguirán haciendo desde su arte que pervive y se mitologiza en sus ausencias físicas. Siento profunda admiración por estas nuestras pares, que alzaron la bandera de su cultura por encima del contexto colectivo, indiferente tal vez a sus peculiaridades, siendo objeto de prejuicios diferenciadores que normalmente hubieran impedido destacarse.En ellas rememoro la mística sensualidad de nuestras madres orixás exponentes del culto africano, forma de ver la espiritualidad que tiene hermosura estética además de ética proveniente de la Naturaleza reverenciada en los ritos.

Digo siempre que en mí transversalizo varias de las discriminaciones que esta sociedad lamentablemente conserva: soy mujer, negra y “macumbera” como se dice vulgarmente. Es cotidiano para mí ser excluída. Esto me ha hecho crecer interiormente, y siento que esa es la resistencia de la cual estructuralmente estamos hechas las afro.

Es mujer y negra la orixá que permite la popularización de la religión Umbanda en la ciudadanía, me refiero a Yemanjá. Es madre espiritual porque según cuenta la leyenda, parió a la mayoría de los Orixás yorubas. También son madres espirituales las que hoy en sus terreiros o templos afroumbandistas, imparten el culto y preparan fieles que aspiran a sacerdotes, sin distinciones de género relegantes.

La cruel aculturación que sufrieron los seres desarraigados que sobrevivieron al genocidio perpetrado por las voraz conquista, conminó a los pueblos originarios a olvidar todo vestigio de sus idiosincrasias, incluso y más que nada sus creencias por ser factor de cohesión por excelencia. Sin lograr exterminarla, dañaron la memoria histórica y es necesario restaurar las raíces, pues gran porcentaje de afrodescendientes uruguayos ignoran cuál era la fe de sus ancestros. Ese eslabón perdido hoy se encuentra en las casas de religión de matriz africana y debemos preservarlo, porque es parte fundamental de su cultura. Por amor a lo que somos y a las mujeres que hoy tenemos el color del Uruguay.

Susana Andrade - ATABAQUE

La República Editorial p11 Miércoles, 04 de julio, 2007 - AÑO 8 - Nº2598

 

Umbanda es parte del pueblo

Algunas escenas de un programa de televisión sobre religión Umbanda que se mostraran en canal abierto, fueron filmadas en nuestro templo de Atabaque.

No discriminar supone brindar espacios de expresión plural, y aunque pensemos diferente, es necesario comprender y respetar al semejante para convivir en armonía en una sociedad que aspira a desarrollarse y crecer. Reflejados estos ideales en el lema del movimiento que impulsamos "Por un país sin exclusiones", nos sentimos motivados a colaborar con las inquietudes de las producciones periodísticas interesadas en los cultos de matriz afro, que lamentablemente en el medio aún no pierden la categoría de fenómeno.

La comunidad afroumbandista uruguaya no es solamente un espectáculo de dos de febrero en las playas.

Esos cientos de miles de creyentes, practicantes y fieles insertos en variados ámbitos de intercambio social, son gran parte de la población de este país aunque las encuestas no reflejen la realidad, por ser confeccionadas despreciando criterios positivamente diferenciadores.

En los hechos sufrimos marginalidad y eso es acrecentado entre otras cosas, por la prédica demonizadora, constante y masiva de los telepastores multimillonarios de la Iglesia Universal que han copado este país con formidables y enigmáticos capitales.

Hay gente que tiene miedo de ser echada del trabajo si son "descubiertos" públicamente como "macumberos", término vulgar y despectivo aunque la semántica alude al son de un tambor consagrado y su consecuente rito. Muchos todavía piensan que los afroreligiosos somos brujos hacedores de magia negra y no entienden que Umbanda es una religión y como tal busca el bienestar de las mujeres y de los hombres.

Establecida la imprescindible necesidad de difundir las virtudes de nuestra incomprendida fe, decimos: existimos y somos un importante sector del Uruguay que vive y vota. Es hora de desterrar falsos conceptos que se generan y reproducen al amparo del oscurantismo y las interpretaciones retorcidas por intereses creados o mero desconocimiento. En pro de un bien mayor, sacrificamos la sagrada intimidad propia del culto, y agradecemos a los periodistas que se interesan en mostrarnos, esperando que la edición no recorte el sentido primordial que es la purificación y el equilibrio internos para lograr una vida mejor.

Dentro de nuestro universo religioso se practica lo que científicamente llaman "trance mediúnico", esto implica la incorporación de espíritus de luz o energías de la Naturaleza, bajo el influjo de los cuales las personas hablan, gesticulan y se comportan según las características de las entidades que reciban. En Umbanda religión surgida en Brasil, creemos que los Guías que llegan en las sesiones (podría ser en un hospital para ayudar a curar a un enfermo) ascienden fajas astrales purgadas en la misión de auxiliar a los que acuden en busca de sosiego, consejos de vida, armonía, salud y paz. O sea: ese Caboclo (indio), Preto Velho (africano), Ogún, Exú (Eshú), Pombagira, Sereia o quien sea, "baja" o se manifiesta con la finalidad de purificar a quien lo recibe, y a su vez, subir peldaños astrales hacia Dios (Zambi u Olorum) haciendo el bien y prodigando caridad. Al producirse tales incorporaciones, generalmente, el médium ve algo distorsionados sus rasgos físicos y muestra cambios en la personalidad aunque no esté integralmente inconciente.

No digo para los habitantes de Noruega o Japón pero para los naturales de este hermoso país, debería ser familiar el paisaje que estoy describiendo pues es propio de una espiritualidad nativa que tiene todo que ver con el suelo y su gente afroindígena, parte esencial del origen de la identidad uruguaya.

Es casi un deber conocer nuestra existencia como comunidad religiosa y podría ser un delito prejuzgarnos, pues hay leyes que penalizan la discriminación aquí y en el mundo, a pesar de que no haya demasiados jueces prestos a hacerlas cumplir. Por eso invitamos y permitimos presenciar a gentes notorias los rituales que hacemos, para que vean de cerca y puedan transcribir de primera mano. La experiencia directa y el testimonio de aquellos que gozan de respeto y credibilidad, serán fuente de información fidedigna hacia el colectivo.

Antropólogos, periodistas, políticos, luchadores sociales, estudiantes de ciencias humanas, etc., serán objetivos y espontáneos repetidores de una verdad que solo necesita expresarse en igualdad de condiciones para que se desmistifique.Una persona en trance no debería ser un misterio temido, sino un sujeto de derechos y de respeto de parte de la sociedad. La concepción de lo trascendente que sustentemos lejos de ser motivo de exclusión, supondría la forma fáctica de disfrutar la libertad de cultos que pregona la Constitución.

Hace poco nació la hija menor de los príncipes de España y el mundo entero les contemplaba hipnotizado como si fueran supragente. Ese es un verdadero cuadro de fantasía, casi un absurdo inconcebible en la evolución actual de la humanidad. Sin embargo es aceptado como normal que existan reyes.

Después de eso… ¿Quién se asombraría de mirar a un Pai o a una Mae incorporados en la televisión?

Publicado en Diario La República Pág. 10 - 6/8/07 Año 8 Nro.2631

 

ABORTO NO, SÍ A LA VIDA

Nuestra cabeza interna, el gen espiritual también llamado Orí, está dado desde el momento de la concepción. Cuando el óvulo es fecundado ya hay un Orixá Protector resguardando el ciclo de la vida terrenal que comienza desde el momento mismo de la concepción. El misterio de la creación humana es la máxima obra de la Naturaleza y manifestación sublime de Zambi u Olodumaré (Dios) que no debe ser interrumpida ni alterada en su evolución por traer como consecuencia desequilibrios físicos y espirituales. Esta es la explicación doctrinal afroumbandista que concibe al ser humano desde la espiritualidad y por ello protege la existencia humana en todos sus estados. Los argumentos fácticos que orientan nuestra negativa a despenalizar el infanticidio que supone el aborto son basados fundamentalmente en el derecho a la vida inherente a las niñas y niños por nacer, para los cuales aún hay vacíos legales en cuanto a su protección. La mujer-madre en potencia, tiene derecho a una educación sexual amplia y a temprana edad, que le permita ejercer su libertad de ser o no ser madre, lo cual no supone el derecho a quitar la vida al feto indefenso que lleva en sus entrañas. Derecho a la información y acceso a métodos anticonceptivos eficaces y gratuitos para atenderse ginecológicamente y aprender a cuidarse de embarazos no deseados. La verdadera libertad de decisión se adquiere con el conocimiento y en ese sentido, es el Estado el que debe garantizar la adecuada educación a la población hombres y mujeres sobre estos temas. No es destruyendo a los hijos en el vientre de sus madres que se solucionará la causa de los abortos en nuestro país. La policía debe combatir en serio las clínicas clandestinas, industrias abortivas que todos saben dónde están pero siguen ahí. Debe hacerse responsable a los hombres-padres porque los embarazos no surgen por sola voluntad de la mujer. No olvidando que un estado de preñez además supone sexo sin condón con el riesgo latente en cuanto a transmisión de enfermedades venéreas. Seguimos discutiendo sin educar debidamente. Sin enseñar las consecuencias de las decisiones, la responsabilidad que tienen como contrapartida los derechos y es controlada por las normas. Es penalizado hasta el suicidio en nuestro orden jurídico. Si se despenalizara; ¿Hasta dónde se pondría límites a un derecho a destruir la vida de las personas? ¿Qué garantiza que no se propondrá luego exterminar a los ancianos porque ya no producen? El Estado tiene la obligación de informar masivamente a la población sobre estos temas, y fundamentalmente propender al respeto del máximo derecho que es el de la vida humana. Aborto es violencia doméstica.